CENTRO DE INTERPRETACIÓN

DE LA APICULTURA PARA LA

CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

apicultor

El término Apicultura proviene de dos palabras latinas: Apis, que significa abeja, y Cultura, que significa cultivo o cría.


Por tanto, la Apicultura es la actividad humana dedicada a la cría y el cuidado de las abejas.


El objetivo es la obtención de beneficios, bien mediante productos como la miel, el polen o la cera, bien por los efectos polinizadores de las abejas sobre los cultivos al aire libre o en invernaderos.

A principios del siglo XVI se produce la primera fase de una expansión que iba a transformar la Apicultura de ser un compendio de técnicas primitivas a convertirse en toda una ciencia.

La verdadera revolución en la apicultura tiene lugar en 1851, obra del norteamericano L. L. Langstroth. Éste diseña un sistema con marcos móviles separados por una distancia de 9.5 mm, suficiente para que las abejas no construyan puentes de cera o propóleo entre ellos y los panales sean fácilmente extraíbles e intercambiables (apicultura movilista).

A partir del descubrimiento de la colmena Langstroth se idearon otros sistemas igualmente movilistas, como la colmena Dadant o la Layens, inventada por el agrónomo francés George Layens, la más usada en España. Esta colmena carece de alzas móviles, creciendo hacia los lados (desarrollo horizontal), para ser mejor transportada, que se ha impuesto en España porque aquí se práctica una apicultura esencialmente trashumante.


Para completar  la base de la apicultura moderna, hay que añadir la invención del ahumador tal como lo conocemos hoy, ideado por el estadounidense Moses Quinby en 1875.

Quizás la simbiosis más importante para la Biodiversidad que existe en nuestro Planeta es la que establecen abejas y plantas, gracias a la polinización. Pero, al mismo tiempo, las abejas han establecido otra simbiosis paralela, esta vez con el Hombre, cuyo nombre es Apicultura.

El Hombre se alimentaba ya con miel en épocas prehistóricas, pero se limitaba a robarla de panales silvestres. Así lo muestran las pinturas rupestres de la Cueva de la Araña en Bicorps (Valencia), con una antigüedad de entre 7.000 y 9.000 años.

A partir de entonces aparecen toda una serie de innovaciones que conforman la apicultura tal como la conocemos hoy. Por ejemplo, el alemán Johannes Mehring inventa en 1857 la primera matriz para hacer hojas de cera. Esto permite ahorrar trabajo a las abejas en la construcción de sus panales y al apicultor obtener más miel. Hay que tener en cuenta que para fabricar un kilo de cera, las abejas cereras deben consumir entre 6 y 12 kilos de miel.

Hasta prácticamente el siglo XIX la apicultura tropezaba con un grave obstáculo: era necesario destruir gran parte de la colmena y a sus abejas para aprovechar sus productos pues los panales estaban pegados a la pared de las colmenas (apicultura fijista).

Tras estos avances aún faltaba un sistema para rentabilizar la extracción de miel. En 1865 el alemán Franz von Hruschka construye el primer extractor centrífugo de miel. Este sistema permite al apicultor extraer este producto de los panales sin dañarlos, dejándolos aptos para ser reutilizados.

L. Langstroth

F. von Hruschka

G. Layens

Moses Quinby

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