CENTRO DE INTERPRETACIÓN

DE LA APICULTURA PARA LA

CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

abeja

La abeja europea (Apis mellifera), también conocida como abeja doméstica o abeja melífera, es una especie de himenóptero apócrito de la familia Apidae. Es la especie de abeja con mayor distribución en el mundo. Originaria de Europa, África y parte de Asia, fue introducida en América y Oceanía. Fue clasificada por Carolus Linnaeus en 1758. A partir de entonces numerosos taxónomos describieron variedades geográficas o subespecies que, en la actualidad, superan las 30 razas.


En cada colonia o colmena de abejas melíferas conviven tres tipos de individuos o castas:

Reina, obrera y zángano.


Cada casta tiene su función especial y desarrollan un tipo de trabajo diferenciado en la colonia. La reina y las obreras son hembras y los zánganos son machos. Cada casta tiene un tiempo o ciclo de desarrollo diferente propio para cada especie y se cría en distintos tipos de celdas.


Para convertirse en reinas un larva debe ser nutrida con jalea real y ser alojada en una celda especial de mayor tamaño. También las larvas de las obreras comen en sus primeras fases jalea real, pero luego se les da otra dieta. Si una obrera come jalea real puede desarrolar sus posibilidades de poner huevos, pero no de aparearse con un zángano, por lo que sus huevos serán infecundos (es decir, darán lugar sólo a zánganos). Este fenómeno se puede producir en colmenas que han quedado privadas de reina.

La reina es la única hembra fértil y deposita los huevos de los cuales nacerán todas las demás abejas. La abeja reina no abandona la colmena, salvo durante los vuelos de fecundación, o cuando se produce un enjambre para dar lugar a una nueva colonia. La reina deposita sus huevos, en panales de cera que las obreras construyen con celdas hexagonales. El huevo después del tercer día se transforma en una pequeña larva que es alimentada por las abejas nodrizas (abejas obreras jóvenes). Luego de aproximadamente una semana, la larva es sellada en su celda por las abejas nodrizas, produciéndose el estadio de pupa. En aproximadamente otra semana, emerge la abeja adulta.

Los zánganos son las abejas macho de la colonia. Los huevos que luego producirán zánganos no han sido previamente fecundados, por lo tanto tienen la mitad de la dotación genética de la especie. Los zánganos no recolectan néctar ni polen. El principal propósito de los zánganos es fertilizar a la nueva reina. Éstos copulan con la reina en pleno vuelo. Tras finalizar la cópula, el zángano muere. La abeja reina copula con varios zánganos (más de 15) en los diversos vuelos de fecundación. Los zánganos no poseen aguijón, ya que el aguijón es en realidad un ovopositor modificado.

Las obreras son hembras infértiles que pasa por diferentes estadios durante los primeros días dentro del nido o colmena. Limpian, alimentan a las larvas, producen cera para los panales y, por último, después de 20 días aproximadamente se convierten en las pecoreadoras o forrajeras que traen el alimento a la colmena. Se dice normalmente que una obrera tarda 21 días en nacer, pasa 21 días en el interior de la colmena y luego como pecoreadora vive otros 21 días. En las abejas obreras el ovopositor ha sido modificado en un aguijón que sirve para inyectar veneno producido por glándulas abdominales.


La mayoría de las plantas dependen de las abejas para realizar la polinización y poder multiplicarse, favoreciendo la biodiversidad del planeta.


La abejas dependen de las flores de esas plantas para obtener el alimento y los recursos necesarios para el mantenimiento de sus colmenas.


El hombre, a través de la apicultura, cuida a las abejas y sus colmenas, no solo para obtener los productos que ellas elaboran sino para asegurarse la producción de sus cultivos agrícolas.

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La polinización es un proceso fundamental para la reproducción de las plantas. Puede ser directa, cuando la flor se fecunda a sí misma, o cruzada, si el polen pasa de una flor a otra. La mayoría de vegetales se multiplican por polinización cruzada, porque es la más adecuada para asegurar la variedad genética. Y todo gracias a la ayuda de insectos como la abeja.


Las flores y las abejas han evolucionado conjuntamente durante cientos de miles de años para adaptarse unas a otras en un beneficio común.


En primavera una colmena puede contener unas 80.000 abejas. De ellas solo una es la reina, unos 400 son zánganos y todas las demás abejas obreras.


Las reinas pueden vivir hasta 4 años (las obreras sólo de 1-3 meses) y procrean intensamente durante toda su vida, poniendo de 2.000-3.000 huevos diarios en las épocas de cría.

El ciclo perfecto

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